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No es un animal, pero se mueve como uno: la tecnología que ya recorre el océano

Sus movimientos son lentos, precisos y silenciosos. No genera ruido ni altera el entorno. Se trata de un robot diseñado para explorar el océano sin ser detectado.

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Por: Equipo de Redacción

Redacción Digital

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El robot responde a gestos humanos y sigue rutas programadas, pero su desarrollo aún no está completo. Foto: Youtube @Interesting Engineering

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Sus movimientos son lentos, precisos y silenciosos. No genera ruido ni altera el entorno. Se trata de un robot diseñado para explorar el océano sin ser detectado.

La empresa Beatbot presentó su robot-tortuga, conocido como RoboTurtle, una tecnología pensada para ingresar a zonas marinas donde la presencia humana resulta invasiva o directamente imposible. Su objetivo no es reemplazar a los investigadores, sino observar sin intervenir.

Un diseño que no busca llamar la atención

RoboTurtle fue mostrado en funcionamiento durante el CES 2026, una de las ferias tecnológicas más importantes del mundo. A diferencia de otros dispositivos submarinos, no utiliza hélices ni estructuras metálicas visibles. Su forma replica con detalle el cuerpo de una tortuga marina.

Este diseño no responde a una decisión estética. Los ingenieros de Beatbot estudiaron durante dos meses el comportamiento de tortugas reales en su entorno natural. Analizaron el movimiento de sus aletas, la forma en que giran y la manera en que descienden y ascienden en el agua.

El resultado es un robot que se desplaza con naturalidad y evita generar alteraciones en ecosistemas sensibles.

Observación sin interferencia humana

El principal valor de este robot-tortuga está en su capacidad para monitorear el medio ambiente sin perturbarlo. RoboTurtle cuenta con cámaras, sensores y sistemas de medición que permiten analizar la calidad del agua, registrar especies marinas y observar arrecifes de coral.

Este tipo de entornos suele verse afectado por la presencia de buzos, submarinos o drones acuáticos tradicionales. El ruido, la vibración y las corrientes artificiales alteran el comportamiento de la fauna.

Según la empresa, distintas organizaciones ambientales ya manifestaron interés en esta tecnología para estudiar arrecifes dañados y evaluar su recuperación tras eventos provocados por la actividad humana.

Un robot que sube a la superficie para seguir trabajando

Aunque pasa gran parte del tiempo bajo el agua, RoboTurtle necesita emerger de forma periódica. Al igual que una tortuga real, asciende para orientarse y continuar su misión.

En la superficie, utiliza GPS para transmitir datos y recarga energía mediante un panel solar integrado en su caparazón. Este sistema le permite operar durante largos periodos sin intervención constante, una ventaja clave para investigaciones en zonas remotas.

La energía solar refuerza el enfoque sustentable del proyecto y reduce la necesidad de mantenimiento humano.

Inteligencia artificial en fase de aprendizaje

El robot responde a gestos humanos y sigue rutas programadas, pero su desarrollo aún no está completo. La inteligencia artificial que lo controla se encuentra en etapa de entrenamiento.

El equipo de Beatbot estima que el despliegue operativo a gran escala podría concretarse entre tres y cinco años. La meta es clara: llevar este tipo de robots a regiones marinas poco exploradas, sin sumar una nueva presión sobre el entorno.

Cuando la tecnología decide no imponerse

RoboTurtle forma parte de una nueva generación de robots diseñados para convivir con la naturaleza. No busca dominar el espacio ni destacar. Su estrategia consiste en observar, recopilar información y retirarse sin dejar rastro.

Tal vez, en un futuro cercano, alguien nade cerca de una tortuga sin notar nada extraño. Y quizás esa “tortuga” esté registrando datos clave para entender y proteger el océano.

Porque en el mar, no todo lo que se mueve está vivo. Y no toda tecnología necesita hacerse notar para cumplir su función.

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